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EE.UU. protege su zona ÁRTICA de PESCA INDUSTRIAL

Casi 518.000 km² de aguas estadounidenses del Ártico se cerrarán a la pesca industrial para aliviar los efectos del cambio climático en sus ecosistemas. Oceana ha trabajado durante años desde su base en Juneau (Alaska) para conseguir esta prohibición

El Consejo de Gestión Pesquera del Pacífico Norte (NPFMC), organismo dependiente de Estados Unidos, ha decidido impedir la expansión de la pesca industrial en todas las aguas de Estados Unidos al norte del estrecho de Bering. Este paso, que representa una de las mayores medidas preventivas en la historia de la gestión pesquera, aliviará la presión ejercida sobre los ecosistemas oceánicos por el cambio climático. El área protegida es de casi 200.000 millas cuadradas, unos 518.000 km2, una superficie similar a la de España.

“Esta decisión marca el comienzo de una nueva era para el Ártico. Hasta ahora nos hemos dedicado a agotar primero los recursos de una zona para tratar luego de recuperarla. Ahora, estamos primero pensando en las consecuencias de nuestras acciones antes de llevarlas a cabo”, comenta Xavier Pastor, Director Ejecutivo de Oceana en Europa. “La decisión del Consejo libera al Ártico de una tensión crítica, ya que una actividad industrial pesquera en esta zona podría tener un efecto catastrófico en el resto de los ecosistemas. Por ello, exigimos a las industrias de transporte y perforación que sigan el ejemplo del Consejo".
El cambio climático provoca que el Ártico se caliente el doble de deprisa que el resto del planeta, lo que conduce a una drástica reducción del hielo marino y a otros cambios potencialmente catastróficos para sus ecosistemas. La pérdida del hielo marino no sólo amenaza al Ártico, sino al resto del planeta, ya que el Ártico desempeña un papel crítico en los patrones climáticos de todo el globo.

Además, el derretimiento del hielo marino abre las aguas que antes estaban cubiertas por hielo a nuevas actividades industriales. Los científicos, los conservacionistas y las comunidades locales del Ártico han expresado su preocupación porque temen que las alteraciones añadidas por actividades industriales como la pesca comercial de gran envergadura, los puertos comerciales o las plataformas de gas o petróleo puedan devastar los ecosistemas de la zona.

“El Ártico es el reflejo de lo que sucede en el planeta. Debemos darnos cuenta de que, en realidad, todos nos encontramos encima de una fina placa de hielo”, señala Jim Ayers, Vicepresidente de Oceana en el Pacífico y Alaska. “El océano Ártico es un entorno singular y resulta vital para los habitantes de la zona y para la salud de la Tierra. El NPFMC está mostrando el camino hacia un enfoque preventivo con base científica y esta acción —la más importante de este tipo— es un modelo de gestión”.

La medida del Consejo no afecta, sin embargo, a la pesca artesanal tradicional desarrollada por las comunidades indígenas de la zona, que continuará siendo permitida. El Ártico es el hogar de poblaciones nativas que han vivido en armonía con su entorno desde tiempos inmemoriales, y también alberga más de una docena de especies de aves y mamíferos marinos y cientos de peces diferentes. Muchos de estos animales, incluyendo los osos polares, la ballena de Groenlandia y el éider de anteojos, aparecen en las listas de especies amenazadas o en peligro, debido, en parte, a los retos sin precedentes a los que se enfrenta el entorno ártico, que se encuentra en proceso de rápidos cambios.

El derretimiento del hielo marino y la huida hacia el norte de las poblaciones de peces aumenta la probabilidad de que la pesca comercial se expanda al Ártico. Una vez implementada, la decisión del Consejo evitará dicha expansión a menos que la ciencia demuestre que la pesca comercial no amenazará la salud de los ecosistemas del Ártico ni las oportunidades para el modo de subsistencia de las comunidades locales. Se espera que el Servicio Nacional de Pesca Marina estadounidense apruebe la decisión del Consejo y promulgue leyes definitivas para proteger el Ártico este mismo año tras un período de consulta al público, lo que enviará una clara señal a otros países con territorio ártico y organismos de gestión pesquera de todo el mundo.

Oceana, a través de sus oficinas permanentes en Juneau (Alaska), junto con las organizaciones Audubon Alask, Ocean Conservancy y Pew Environment Group colaboran con científicos, comunidades locales del Ártico y pescadores para exigir un enfoque preventivo y con base científica antes de que se permitan actividades de pesca industrial en el océano Ártico.