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La falta de la segunda baliza del recorrido dejo en blanco la jornada a los cruceros santanderinos

La falta de la segunda baliza del recorrido dejo en blanco la jornada a los cruceros santanderinos

Con una tarde en la que el viento del Norte apenas sobre pasaba los 5 nudos de intensidad, y en la que la corriente entrante de alto coeficiente coincidía con el horario de la regata, la flota crucero reunión a 11 tripulaciones en la línea de salida para tomar parte en la competición.

Para la ocasión se determino desde el comite la realización del recorrido 7,1 del programa de regatas, uno de los más de 40 que contempla el mismo, y que como casi todos ellos se realizan a caballo entre la bahía y el abra del Sardinero, lo que produce que los resultado de toda la jornada se determinen en la complicada entrada, a últimas horas de la tarde, a la bahía, donde las condiciones de viento reinantes en ella nada tienen que ver con las que se han tenido durante el resto de la prueba, siendo los barcos de menor eslora los más perjudicados con este tipo de recorridos sufriendo enormemente a causa de su menor andar, lo que les deja a los pies de los caballos ante los de mayor eslora, los que terminan siempre cuando el viento aun no ha caído del todo.
La salida se dio a la hora programada, estando la línea atravesada al viento, con lo que las tripulaciones izaron sus velas de portantes desde la señal de salida, tomando esta en primer lugar los del Yamamay y los del Boro, los que se fueron distanciando desde ese instante del resto de la flota, única y exclusivamente gracias a su mayor eslora y velocidad.
La fuerte marea entrante condiciono enormemente la salida de la bahía, pues cuando las tripulaciones caían en algún pozo de viento, veían con impotencia como lo ganado hasta ese instante se les esfumaba repentinamente,
La flota mantuvo los Spys izados hasta rebasada la Casa del Medico, a partir de donde les fue imposible de hacerles portar, al escasear el viento. A partir de ese instante la navegación hacia la primera baliza fue a un desacuartelar, lo que privo a los participantes de competir entre ellos, siendo únicamente sus esloras las que decidían su andar y por tanto sus posiciones en la competición.
A partir de esa baliza la navegación en demanda de la siguiente se realizo en ceñida con un bordo marcadísimo a tierra, el que dejaba a los participantes a menos de quinientos metros de la posición donde debía estar fondeada la siguiente boya del recorrido, la que se debía de encontrar al norte de Cabo Mayor.
Una vez más la localización de la baliza que siempre es complicada en la clase crucero, en esta ocasión fue imposible, pues sencillamente no estaba. Cuando las embarcaciones de cabeza se encontraron en la posición estimada en la que la marca debía estar fondeada, no fueron capaces de ver ninguna baliza en aquel lugar, a pesar de ello estuvieron buscándola durante un tiempo, no teniendo ningún resultado su esfuerzo para localizarla, por lo que optaron el abandonar la infructuosa búsqueda y retornar a puerto, después del trabajos, los que resultaron baldío, que tuvieron que realizar las tripulaciones participntes con el escaso viento reinante para alcanzar la posición de la segunda baliza de la regata, que era el punto más lejano del recorrido determinado para esta jornada.
J.F.M.J.